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18107 Autor: JPOZOG
Título: Eiffel y Alexandre
Ciudad: Paris
Sitio:Puente Alexandre III
Provincia: Paris
País: Francia
JPOZOG - 28/01/2009 9:48:03
El puente de Alexandre III es una de las señas imperiales de París. Extraordinario por su ubicación y por su monumentalidad.

ELPROFE - 23/09/2011 3:34:14
EXCELENTE FOTOGRAFIA, TENGO UNAS PARECIDAS

TOMADAS DESDE EL BATEAU, EN MIS VACACIONES DE AGO

DE 2010


27496 Autor: SANTELMO
Título: Cachivaches tipicos
Ciudad: Bosra
Sitio:Plaza de Ciudadela
Provincia: Dera
País: Siria
SANTELMO - 24/07/2011 15:01:04
Sé de algunos conocidos que estuvieron en Siria y no visitaron Bosra por creer que se trata de una versión menor de Palmira. Craso error. Si bien es cierto que carece de la grandiosidad escénica de la ciudad de la reina Zenobia y de su aparatoso telón de fondo, Bosra puede presumir de poseer no sólo impresionantes ruinas nabateas, romanas y cristianas, sino de albergar uno de los enclaves monumentales más extraordinarios que he visto a lo largo de mi vida: el recinto de la ciudadela ayubí, que acoge, rodea y protege el inmenso teatro romano, uno de los más grandes y mejor conservado del mundo, como puede apreciarse en las fotos de esta galería.

El basalto empleado como material de construcción de la ciudad confiere una gran contundencia visual a sus monumentos y la dureza de esta roca ha hecho posible su extraordinario estado de conservación. Durante el siglo I d.C. Bosra gozó de tal prosperidad como encrucijada comercial que los nabateos decidieron trasladar la capital desde Petra a esta ciudad. Cuando en el año 106 de nuestra era, el Imperio Romano conquistó el reino nabateo, Bosra se convirtió en la capital de la provincia romana de Arabia, iniciándose en la segunda mitad del siglo II un periodo de esplendor que alcanzó su apogeo cuando, bajo el reinado del emperador Filipo el Árabe, llegó a acuñar su propia moneda. Durante el siglo VI, Bosra se convirtió en sede de un arzobispado que impulsó la construcción de una gran catedral, manteniéndose su importancia durante el periodo árabe hasta que su estrella empezó a declinar a lo largo del siglo XIII, hasta convirtirse en un villorrio a partir de que fuera arrasada por los mongoles en el año 1260.

Otro de los motivos que convierten a Bosra en un lugar especial es que, como he intentado hacer ver con mis fotos, su extenso campo de ruinas sigue estando habitado en buena parte, de tal suerte que en sus calles se percibe una rara connivencia entre pasado y presente. De hecho, muchas viviendas modernas son toscas adaptaciones de los antiguos monumentos o han sido levantadas con material rescatado de las ruinas romanas y cristianas.

No deja de resultar pintoresco poder afirmar, sin faltar a la verdad, que sentado a la sombra de un chiringuito ubicado en pleno Cardo Máximo, vi pasar a chicos conduciendo sus motos de fabricación china, al tiempo que degustaba una excelente cerveza libanesa "Almaza", muy parecida a la “Coronita” mejicana. Si antes de visitar Siria alguien me hubiera contado algo parecido, sin duda habría pensado que exageraba. Hoy doy fe de que en Bosra tales cosas forman parte de la vida cotidiana.


26507 Autor: SANTELMO
Título: Aire y polvo
Ciudad: Gargantas del Dades
Sitio:Carretera a Boulmane du Dades
Provincia: Alto Atlas
País: Marruecos
SANTELMO - 30/06/2011 13:46:17

UN PAISAJE MINERAL

Lo más frecuente, y aconsejado, es acceder a las Gargantas del Dades desde la N.10 que va de Ouarzazate a Tinerhir (o Tinghir). Después de pasar por el Valle de las Rosas, que poco tiene que ver si exceptuamos el Mousem de las Rosas (que se celebra en el primer fin de semana de mayo con un programa de cantos y bailes folclóricos), se llega a Boulmane du Dades, una población que de lejos es fotogénica, pero carente de interés. La ruta de las Gargantas del Dades se inicia a la izquierda, a pocos metros de distancia del puente sobre el río Dades, casi a la entrada de Boulmane.

La carretera, con un asfalto aceptable, discurre paralela al valle del río Dades, a cuyas orillas se encuentra la única vegetación existente en la zona, consistente en chopos de ribera, olivos, huertos y algunos arboles frutales. Más allá de la depresión fluvial, la la aridez es absoluta, con colinas erosionadas de tonos rojizos que se elevan en la distancia formando cadenas montañosas tan peladas como inhóspitas.

De trecho en trecho hay pequeños albergues en los que es posible comer y pequeñas aldeas diseminadas que se encaraman por extrañas formaciones rocosas que a veces cuesta trabajo distinguir, porque sus construcciones aterrazadas se funden con la monocromía rojiza del paisaje, en el que solo destacan las manchas verde y parduscas de las zonas cultivadas a duras penas en una tierra poco fértil y sometida a un clima extremado, tan frío en invierno como caluroso en verano. En consecuencia, la mejor época para viajar por estos parajes es la primavera o el otoño, hasta el extremo de desaconsejar la visita en los meses veraniegos a cualquiera que no quiera verse en el mismísimo infierno.

La carretera va serpenteando y elevándose poco a poco hasta la kasba de Ait Moutad, donde se separa del río y se hace cada vez más pendiente conforme va ganando altura. El paisaje sigue siendo el mismo, curva tras curva, torturado, rojizo y con grandes precipicios, por los que el asfalto discurre como incrustado en la orografía de una desolación inhumana, mineral. Hay que recorrer unos sesenta kilómetros para contemplar desde arriba, casi a vista de pájaro, la torturada carretera que hemos recorrido y que, para nuestra desdicha, deberemos recorrer en sentido inverso, ya que lo normal será que nos dirijamos, según el sentido de nuestra ruta, hacia Tinghir, si vamos hacia Merrzouga, o hacia Ouarzate, si nos dirigimos a Marrakech por el puerto de Tichka.

A las Gargantas del Dades también se puede acceder por una pista que sale de Tamtachoute, un lugar en en medio de la nada, que también enlaza con las Gargantas del Todra, pero para esa aventura recomiendo un vehículo todo terreno. En resumen, que, en mi opinión, se trata de un lugar prescindible: en Marruecos hay muchos que son bastante más interesantes y, desde luego, accesibles.


26714 Autor: SANTELMO
Título: El maravilloso Arno
Ciudad: Pisa
Sitio:Ponte di Mezzo
Provincia: Toscana
País: Italia
SANTELMO - 29/06/2011 13:23:17

Pisa, la perla escondida

Resulta paradójico que siendo Pisa una de las ciudades más visitadas de Italia, sea también una de las menos conocidas. La aparente contradicción se explica porque la visita a Pisa suele durar unas horas, apenas el tiempo mínimo para asomarse a la maravillosa Piazza dei Miracoli, hacerse la foto tonta sosteniendo la Torre y salir corriendo, sin visitar siquiera el Cementerio Monumental, una verdadera joya, tanto por su increíble claustro gótico, como por sus frescos, sarcófagos y monumentos funerarios de traza neoclásica.

En cualquier caso, la ciudad de Pisa permanece velada en su equilibrio inmemorial a orillas del Arno, ese río singular en la Historia del Arte y cuyas aguas, agotadas de ver reflejadas en ellas la desmesura de Florencia, parecen remolonearse en Pisa, sabiendo que están cercanas a su desembocadura en el mar, “que es el morir”, como escribiera Jorge Manrique. En efecto, si los grandiosos monumentos de Florencia están concebidos para el asombro al servicio del poder de los Médicis, Pisa es más recatada y dulce. Sus iglesias, de un románico del que el Duomo es el paradigma, palacios y demás monumentos aparecen dispersos por calles y plazas que es preciso recorrer con la misma tranquilidad que la ciudad entera trasmana.

El espacio urbano comprendido entre la Piazza dei Miracoli y el Arno forma el epicentro de la urbe medieval, renacentista y barroca, cuyo vértice podemos situar en la formidable Piazza dei Cavalieri y en las calles íntimas y recoletas plazas que la circundan. En ellas es delicioso demorarse en alguna terraza para degustar los famosos vinos toscanos, en los bancos de alguna arboleda perdida desde la que se vislumbra el mármol de alguna iglesia gótica o algún lienzo de la muralla medieval, degustar en alguna apacible trattoria las riquísimas especialidades pisanas o perderse en la contemplación de las aguas del Arno, que fluyen majestuosas junto a esa filigrana gótica que es la pequeña iglesia de Santa Maria della Spina para, finalmente, acariciar las piedras de la Basílica de San Piero a Grado, enclavada junto a una frondosa arboleda en la llanura que recorren las aguas del río en su tramo final, antes de verter su caudal en las playas de Tirrenia.

La contención pisana se manifiesta también en la juventud que pulula por todos lados con su alegre espontaneidad, sus libros a cuestas y sus bicicletas de siempre, impregnando el aire con la pujanza de una vida universitaria que no está focalizada en ningún sitio, porque la Universidad de Pisa, como el buen Dios, está por todas partes.

Acabo estas líneas recomendando Pisa, la perla escondida de la Toscana, y alargar la estancia para acercarse a los próximos Montes Pisanos, desde donde se divisan los más bellos atardeceres, con la ciudad partida por el cuchillo de plata del río Arno y las inconfundibles siluetas del Dumo y de la Torre en el horizonte, como telón de fondo de un espectáculo absolutamente imborrable para quien sepa ver y sentir.



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